PARTE 3: EL JEFE DE LA MAFIA SE QUEDÓ HELADO CUANDO UNA PEQUEÑA NIÑA ENTRÓ EN SU MANSIÓN Y DIJO: “MI MAMÁ NO PUDO VENIR HOY…” 

PARTE 2

Durante unos segundos, Emma no respondió.

La tormenta golpeaba los ventanales de la mansión mientras el silencio llenaba el despacho.

Finalmente, la niña bajó la mirada.

—Sí, señor.

Lucas frunció el ceño.

—¿Cuántos kilómetros caminaste?

Emma pareció contar mentalmente.

—No lo sé exactamente. Primero tomé un autobús. Después caminé mucho.

Harold abrió los ojos con sorpresa.

—¿Tu madre sabe que estás aquí?

La niña asintió.

—Le dejé una nota.

Aquella respuesta provocó varios suspiros en la habitación.

Lucas tomó el currículum.

Estaba gastado.

Las esquinas dobladas.

Las manchas de humedad revelaban que había viajado bajo la lluvia durante horas.

El nombre impreso en la parte superior llamó inmediatamente su atención.

Sarah Carter.

Algo dentro de él se tensó.

Porque conocía ese nombre.

Y no era una coincidencia.

Hacía siete años, Sarah Carter había trabajado brevemente para una de las empresas de seguridad de Blackwood Holdings.

Después desapareció.

Sin explicaciones.

Sin dejar rastro.

Lucas levantó lentamente la vista.

—¿Tu madre se llama Sarah Carter?

Emma sonrió.

—Sí.

—¿Y dónde vive?

La sonrisa desapareció.

—En el parque de caravanas de Red Creek.

Aquella respuesta le resultó aún más extraña.

Sarah había sido una excelente contable.

Inteligente.

Responsable.

Meticulosa.

No tenía sentido que estuviera viviendo en aquellas condiciones.

Lucas volvió a mirar el currículum.

Entonces encontró algo más.

Un certificado médico parcialmente visible entre las hojas.

Lo extrajo.

Y sintió que el estómago se le encogía.

Leucemia.

Tratamiento suspendido.

Falta de recursos económicos.

Por primera vez en muchos años, Lucas sintió algo parecido a la culpa.

Emma observó su expresión.

—¿Está muy enferma?

La pregunta era tan sencilla como devastadora.

Lucas tardó varios segundos en responder.

—¿Tu mamá te dijo eso?

Emma negó con la cabeza.

—Pero la escucho llorar por las noches.

El despacho quedó en silencio.

Incluso Harold apartó la mirada.

La niña intentó mantenerse fuerte.

Pero sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Solo quería conseguirle el trabajo.

La voz se le quebró.

—Porque si consigue el trabajo, podremos pagar las medicinas.

Lucas sintió un peso insoportable sobre el pecho.

Había pasado años rodeado de personas interesadas.

Manipuladores.

Traidores.

Criminales.

Y ahora una niña de ocho años había atravesado una tormenta para salvar a su madre.

Sin pedir nada para sí misma.

Sin esperar ayuda.

Solo intentando proteger a la única persona que tenía.

Lucas se levantó lentamente.

Tomó su teléfono.

Marcó un número.

—Preparen el helicóptero.

Harold parpadeó.

—¿Señor?

—Ahora mismo.

Emma lo observó confundida.

—¿He hecho algo malo?

Lucas negó con la cabeza.

Por primera vez en mucho tiempo apareció una expresión humana en su rostro.

—No, Emma.

Se arrodilló nuevamente frente a ella.

—Has hecho algo increíblemente valiente.

La niña intentó comprender aquellas palabras.

Lucas le ofreció la mano.

—Vamos a buscar a tu madre.

Emma lo miró durante varios segundos.

Luego tomó su mano.

Y ninguno de los dos imaginaba que, en ese mismo instante, alguien observaba la mansión desde el otro lado de la carretera.

Dentro de un vehículo oscuro.

Con una fotografía de Lucas Blackwood sobre el asiento.

Y una orden muy clara.

Terminar lo que la bomba no había conseguido.

Continuará…

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